Los herederos de ‘The Cage’

Los herederos de ‘The Cage’

 

Cliftonville Football Club Athletic


Los herederos de ‘The Cage’



El Cliftonville Football Club Athletic, conocido como "The Reds", es el club de fútbol más antiguo de Irlanda del Norte. Fundado en 1879 en el corazón del barrio del mismo nombre en Belfast, el club se ha forjado una identidad rica y vibrante, marcada por su apasionada base de seguidores y un estadio que no es solo un campo de juego sino un símbolo de la comunidad. Una historia que 100 kms más allá resuena con ecos similares en la casa de otro club en constante reivindicación: el Derry City Football Club (1928), titular de la vecina ciudad de la ciudad del mismo nombre, o de Londonderry -según quien lo diga-, que en su día tuvo que abandonar la liga por motivos de seguridad derivados de los Troubles, y que en la actualidad sigue abogando por la unificación de las dos Irlandas.


Un colorido mural con el escudo del Cliftonville ejerce como fiel guardian de la principal via de acceso al Solitude Stadium. Cincuenta metros adelante, Cliftonville Road tuerce a la izquierda y se convierte en un angosto callejón de apenas 3 metros de ancho. A un lado un muro rojo mitad ladrillo, mitad chapa armoniza con las paredes ocre de las casas vecinas. Si no fueras un acérrimo fan del fútbol deberías fijarte en la frase de un pequeño letrero para saber qué estás ante un estadio de fútbol: ‘Welcome to Solitude’.

El estadio, vetusto y decrépito en algunas zonas, y renovado en otras, conserva aquel sabor añejo que aúna la nostalgia, la tradición y los honores que le confieren sus 135 años de historia, el más relevante el de tratarse del único estadio aún hoy superviviente de la primera edición de la liga irlandesa, inaugurada en 1890. Un año antes The Reds -ya con 10 años de vida- habían decidido abandonar su primer terreno de juego situado en Oldpark Avenue para trasladarse a la actual ubicación, entonces un gran hoyo hundido con gradas y una cubierta de hormigón en el gol sur. Con el paso de los años sería bautizada cómo ‘The Cage’ (La Cárcel), debido a la estructura metálica de rejas que la rodeaba, lo que la hacía parecer una especie de jaula que albergaba a los aficionados más apasionados y ruidosos del club. Era un lugar vibrante donde los seguidores mostraban su fervor y apoyo incondicional al equipo. Allí se agrupaban los aficionados mas leales, siempre en pie y activos durante todo el partido con un ambiente electrizante, gritos de ánimo y pleno cánticos.

 

Yo había llegado a Belfast solo unas horas antes, procedente de la dual Derry, tras un agitado trasiego por diferentes ciudades de la República de Irlanda donde pude impregnarme de la esencia de un fútbol bien alejado de las grandes ligas profesionales europeas tanto en lo deportivo como en lo económico pero un testigo vivo de los últimos vestigios futbolísticos del pasado y de su inherente romanticismo. Así pude constatarlo cubriendo un partido en Richmond Park, la casa del St. Patrick’s en Dublin, visitando en el sur el modesto estadio del Galway o admirando los murales reivindicativos en el estadio del Derry, club norirlandes que curiosamente no juega la liga de su país sino la League of Ireland. En 1971, las tensiones políticas y sectarias que surgieron en Irlanda del Norte provocaron que el equipo tuviera que abandonar su estadio, el Brandywell. El conflicto entre las comunidades nacionalista, con la que se alineaba el Derry City y la unionista, que propugnaba la adhesion al Reino Unido, provocaron que jugar partidos en Derry se convirtiera en insostenible debido a los continuos problemas de seguridad en la ciudad. Actualmente la mayoría de la población de Derry sigue más identificada con la Republica de Irlanda que con el Reino Unido y esto hace que los seguidores del club apoyen mayoritariamente la participación en la liga de la República de Irlanda, afiliación que data desde 1985 y que sigue siendo aceptada por ambas ligas nacionales.


Es precisamente la similitud de esta identidad nacionalista entre los seguidores del Derry City y del Cliftonville FC lo que me llevo a continuar mi ruta hacia el noreste, con la intención de conocer en profundidad los paralelismos entre esta aficiones amigas unidas por el desafío hacia las divisiones políticas en Irlanda y caracterizadas por promover la inclusión y oponerse a la discriminación sectaria en el fútbol.

Esto ha hecho que Candystripes y The Reds se respeten y apoyen, exhibiendo banderas y símbolos de apoyo mutuo en los partidos. No es raro ver a grupos de seguidores de Cliftonville asistiendo a los partidos del Derry City y viceversa, tanto en sus respectivos campeonatos como en competiciones europeas. Esta relación amistosa va mucho más allá del amor mutuo que ambos clubes se profesan, pues también comparten rivalidades con los clubes percibidos como representativos de la comunidad unionista, como el Linfield FC -el más laureado de Irlanda del Norte- y el Crusaders FC, con sede en el distrito de Sahkill  y a solo un escaso kilómetro y medio del Solitude Stadium.


Es precisamente el denominado North Belfast derby entre The Reds y The Crues (abreviatura de Crusaders), o lo que es lo mismo, entre católicos y protestantes el más esperado de Belfast no solo por la diferencia de identidades entre los seguidores de ambos clubes sino también porque la cercanía geográfica ha hecho que la rivalidad se haya intensificado también en el ámbito deportivo. Ambos han sido históricamente clubes competitivos en la Premiership de Irlanda del Norte y se reparten doce títulos de liga, 5 para el Cliftonville y 7 para el Crusaders. Enfrentados entre ellos en 300 ocasiones desde 1923, el partido se caracteriza por cánticos y conductas provocativas hacia el rival, si bien han quedado atrás las ‘cacerías de día de partido’ por las calles del barrio entre aficionados de uno y otro equipo y hoy la rivalidad se cierne exclusivamente a la grada.


Tras mi llegada a Belfast fui directamente hacia el Solitude Stadium. A varias horas del inicio del partido dediqué mi tiempo a caminar por el exterior del estadio mientras repasaba mentalmente algunas reseñas históricas de aquel escenario modesto pero mítico como pocos. Fue aquí donde, en 1890 se lanzó el primer penalty de la historia, en un partido entre la Selección de Irlanda y el Milford. La nueva suerte fue invención del portero del Milford William McCrum, para castigar de una forma diferente las faltas dentro del área.

A principios del invierno la noche cae temprano en Belfast y el callejón de Cliftonville Road, ya sombrío, cobra vida a medida que el partido se acerca, pese a que el frio sube. La parte posterior de la arcaica grada exterior del estadio contrasta con la calidez de los  aficionados que acuden por grupos procedentes de los pubs cercanos. 



Aquí aún pueden vivirse momentos de los que ya no existen en otros lugares. Un aficionado se me acerca porque me ha reconocido como foráneo. Cuando le explico el motivo de mi visita me hace seguirlo a una de las casas casi anexas al estadio y desaparece misteriosamente tras la puerta de un garaje. Minutos después aparece con una sudadera roja con el escudo del Cliftonville y sencillamente me la regala.  Así son los irlandeses, amables, simpáticos, hospitalarios y desprendidos, cualidades que se magnifican dentro del contexto del fútbol.

Apenas unos metros más allá una estrecha puerta presidida por un letrero simple llama mi atención: Cliftonville Social Club. Me atrevo a traspasarla y accedo a un universo inexistente en el fútbol español. Se trata de un pub albergado en los bajos del estadio, propiedad del Cliftonville. Decenas de aficionados copan sus bancos de madera en actitud reposada, disfrutando en colosales vasos de su inseparable Harp Lager, la marca de cerveza más consumida por los locales, quizás no tanto por su sabor sino por la conexión implícita con la vecina República de Irlanda que esta lager producida en la ciudad de Dundalk provoca. Es una muestra más del fuerte sentimiento independentista de los aficionados del Cliftonville.

Al ir con la cámara al hombro, me convierto en el centro de atención del recinto y los aficionados empiezan a pedirme ser fotografiados. Me dan la mano, me abrazan, me obligan a sentarme con ellos y me invitan a cerveza. Me integran en su fiesta del fútbol, poniendo de manifiesto el carácter realmente hospitalario de los irlandeses, más allá del origen, la religión o las creencias. Es fútbol, solo fútbol. De hecho, el club apoya regularmente campañas contra el racismo y otras formas de discriminación en el fútbol, participando en iniciativas de la Asociación de Fútbol de Irlanda del Norte (IFA) que promueven el respeto dentro y fuera del campo.

Algunos de los aficionados más veteranos vivieron el conflicto The Troubles de manera muy particular y a menudo en circunstancias difíciles, dado el contexto político y social del club. Para la mayoría es una herida aún no cerrada y sus semblantes cambian cuando me hablan sobre el recuerdo de aquellas tres décadas de terror en la que enfrentaron amenazas de grupos paramilitares y situaciones de riesgo al desplazarse para asistir a partidos, especialmente en áreas de mayoría protestante. Esto implicó que asistir a partidos fuera de casa implicaba riesgos significativos. Muchos seguidores del Cliftonville tuvieron que organizarse cuidadosamente para viajar en grupo o evitar ciertas áreas controladas por comunidades unionistas.





No fueron éstos los únicos hechos adversos a los que debió enfrentarse el club a lo largo de su historia. David Begley, jefe de operaciones del Cliftonville, después de recibirme en el Social Club, me invita amablemente a acceder al interior del estadio y con orgullo me muestra unas humildes dependencias que no por ello dejan de ser motivo de orgullo para los Reds. David lleva varias décadas preocupándose de que todo salga bien en el estadio los días de partido y me habla con pesar del trágico suceso ocurrido el 24 de noviembre de 1980 durante un partido entre el Cliftonville y el Glenavon. Durante el encuentro, una parte de la grada sur del Solitude colapsó debido a una fallo estructural, lo que provocó que una gran sección de la tribuna se derrumbara mientras los aficionados se encontraban de pie viendo el partido. Las gradas, pobladas de seguidores, colapsaron repentinamente, causando una caída masiva de personas. Este suceso fue un golpe devastador tanto para los aficionados como para el club, y se convirtió en uno de los peores desastres en la historia del fútbol norirlandés, que todavía hoy pervive en el recuerdo de David Begley y en el de otros muchos aficionados presentes aquel fatídico día. La tragedia acabó con la vida de dos jóvenes aficionados y dejó a más de 60 personas heridas. Tras el incidente, se realizaron investigaciones para determinar las causas del derrumbe, constatándose que la estructura de la grada era inadecuada y que además no había sido renovada en años anteriores. El suceso supuso un recordatorio trágico de los problemas de seguridad en muchos estadios de fútbol durante esa época. La tragedia ayudó a impulsar reformas en la infraestructura de los estadios en Irlanda del Norte para mejorar las condiciones de seguridad en los estadios.





 

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